

PREGUNTAS:
- ¿Qué relación ves entre estas dos imágenes?
- ¿Qué papel desempeña el ejército en ellas? ¿Es el ejército enemigo el que apuñala a los soldados?
- ¿Qué motivos pueden mover a los personajes que empuñan el cuchillo para infligir daño a sus propios compatriotas?
RESPUESTAS
a) Ambas imágenes remiten al »mito de la puñalada por la espalda», según el cual el ejército fue vendido por los »Criminales de noviembre» (la coalición fundacional de Weimar) solicitando el armisticio aun cuando las tropas no habían sufrido ninguna derrota significativa.
b) El ejército defiende las trincheras solícito sin reparar en que dentro de la retaguardia se concita contra él el enemigo interno, un ente heterogéneo compuesto por los agitadores revolucionarios, los pacifistas socialdemócratas, los emboscados y los judíos. La propaganda fundirá a todos ellos en un amasijo de traidores.
c) Según la propaganda hábilmente explotada por los nacionalistas, a los traidores les inspiraría una falta de amor por la patria, amén de estar en connivencia con el enemigo, al que devolverá el favor facilitando un tratado de paz gravoso para Alemania.


PREGUNTAS:
- ¿Qué similitudes y diferencias encuentras entre esta serie de imágenes y la anterior?
- ¿Quién es el enemigo en estas imágenes? ¿Y el agraviado?
- ¿Por qué Alemania consideró injusto el Tratado de Versalles? ¿Acabó la opinión pública aceptando dicho tratado o exacerbó los odios hacia el enemigo?
RESPUESTAS:
a) Las imágenes superiores pertenecen a la propaganda alemana, mientras que las inferiores son caricaturas aparecidas en la prensa occidental. Esto nos habla de la amplia libertad de prensa de que disfrutaban los aliados en comparación con el fenecido Segundo Reich, puesto que estas sátiras son críticas con el gobierno.
b) El enemigo que mortifica a Alemania son los aliados, que firman un tratado punitivo contra Alemania que contradice los conciliadores catorce puntos de Wilson.
c) Alemania consideró el tratado una imposición, un diktat, en vez de el fruto de negociaciones entre iguales. Las pérdidas territoriales justificadas en el derecho de autodeterminación contrastaban con la negativa de los aliados a permitir la unificación con Austria o la anexión de los Sudetes, de población predominantemente germanófona. Además, el tratado reconocía a Alemania como culpable de desencadenar la guerra, lo que justificaba unas desorbitadas reparaciones. La opinión pública siempre denostó el tratado, lo que erosionó el apoyo de la coalición gobernante, signataria del acuerdo. Los sucesivos gobiernos, incluso los anteriores al acceso de Hitler al poder, intentaron esquivar el acuerdo, por ejemplo, supliendo la limitación numérica del ejército con la existencia de agrupaciones paramilitares.